
Como todos los años la cena de Nochebuena reunió en el Palacio de Liria a la duquesa de Alba y a sus hijos y nietos. Después de un año muy complicado y con problemas que hoy parecen casi solucionados, Cayetana Fitz-James pudo sentarlos a todos en su mesa y celebrar la Misa del Gallo en la capilla del Palacio. Salvo Jacobo, que acudió con su mujer, Inka Martí, el retrato de familia no deja de ser una estampa de matrimonios fracasados ya que ninguno de sus hijos ha conseguido mantener a flote el suyo y de ahí que Carlos, Alfonso, Jacobo (su primer matrimonio también acabó en divorcio), Eugenia y Cayetano acudieran con sus hijos pero sin pareja, siendo Fernando el único que permanece soltero.
El hecho de que estuvieran sin «contrario» no significa que sus corazones estén libres. Empezando por la propia duquesa, que era consciente de que en esa mesa no podía estar su novio, Alfonso Díez, o siguiendo por su hija, Eugenia, que tampoco habla claro sobre su relación con Enrique López, el catalán que le ha devuelto la sonrisa, y que fue cuñado de Inés Sastre tras casarse con su hermana Candela, de quien hoy está divorciado. Padre de dos hijas, me hablan maravillas sobre este empresario que vive de sus negocios sin necesidad de buscar publicidad mediática. Entre otras cosas, comparte con sus hermanos la explotación de la Finca Cortesín, en Sotogrande, uno de los lugares más apetecibles para irse de vacaciones. Muy atractivo, pasados los cuarenta, educado y discreto, no me extraña que Eugenia esté feliz. Tiene motivos.
La única pena de la duquesa fue no poder sentar esa noche en su mesa a Genoveva Casanova, quien optó por pasar esa noche con sus amigos. También con su «entrañable amigo», Alfonso, es como Cayetana pasará el Fin de Año. Ya ha regresado a Sevilla y allí tomarán juntos las uvas para perderse luego en un viaje que harán nada más comenzar el año. Su historia sigue en pie y puede que más viva que nunca.
El hecho de que estuvieran sin «contrario» no significa que sus corazones estén libres. Empezando por la propia duquesa, que era consciente de que en esa mesa no podía estar su novio, Alfonso Díez, o siguiendo por su hija, Eugenia, que tampoco habla claro sobre su relación con Enrique López, el catalán que le ha devuelto la sonrisa, y que fue cuñado de Inés Sastre tras casarse con su hermana Candela, de quien hoy está divorciado. Padre de dos hijas, me hablan maravillas sobre este empresario que vive de sus negocios sin necesidad de buscar publicidad mediática. Entre otras cosas, comparte con sus hermanos la explotación de la Finca Cortesín, en Sotogrande, uno de los lugares más apetecibles para irse de vacaciones. Muy atractivo, pasados los cuarenta, educado y discreto, no me extraña que Eugenia esté feliz. Tiene motivos.
La única pena de la duquesa fue no poder sentar esa noche en su mesa a Genoveva Casanova, quien optó por pasar esa noche con sus amigos. También con su «entrañable amigo», Alfonso, es como Cayetana pasará el Fin de Año. Ya ha regresado a Sevilla y allí tomarán juntos las uvas para perderse luego en un viaje que harán nada más comenzar el año. Su historia sigue en pie y puede que más viva que nunca.


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