Patricia Rato, la Navidad más difícil


Sabía que iba a encontrarse con preguntas incómodas, pero sabía también que esa tarde su responsabilidad estaba en presidir con su padre, Ramón Rato, el XVI Concierto de Navidad, que se celebró en el Auditorio de Madrid a beneficio de la Fundación Padre Arrupe, que preside su madre, Felicidad Salazar Simpson, quien, por motivos de salud, se encontraba en Barcelona. Patricia Rato nunca había fallado a la cita y este año tampoco iba a hacerlo.

Con un vestido negro, su rubia melena suelta y haciendo de tripas corazón llegó al Auditorio del brazo de su padre y dispuesta a relajarse con el concierto que dirigió Inma Shara y contó con la Orquesta Filarmonía y las voces de la soprano Alina Furman, el tenor José Luis Sola y los 77 niños cantores de la Escolanía de Segovia.
Patricia no es ninguna ingenua y era consciente de que los reporteros querían saber qué pasa con su familia, en concreto con su matrimonio con Juan Antonio Ruiz «Espartaco». Educada, que en eso nunca ha cambiado, y sin hacer numeritos como tantos otros, Patricia no se escurrió ni tampoco entró a matar. «Esta Navidad la pasaremos en familia», dijo. Que cada cuál interprete lo que quiera.

Lo cierto es que, según me contó días atrás su madre, todos los años los Rato se reúnen en su casa en el Pirineo para pasar Nochebuena y Nochevieja todos juntos. Así ha sido siempre y así quieren que siga ocurriendo. Por eso Patricia no mintió cuando habló de sus planes, pero tampoco detalló si en esas reuniones estará su marido. La ausencia del torero en el concierto sirvió para demostrar que la crisis familiar es más seria de lo que parecía y eso que cuando intenté confirmar los rumores que circulaban antes de que hubieran salido a la luz, hubo quien me avisó de que si lo publicaba la respuesta sería un comunicado desmintiendo tal crisis. Tal y como imaginé, la crisis acabó saliendo en los medios y el comunicado nunca llegó, tal vez porque es complicado desmentir un secreto a voces.

El dinero recaudado en la gala irá destinado al Fondo de Becas de la Fundación, que sufraga el coste de escolarización de buena parte de los 1.600 niños que estudian en el Colegio Español Padre Arrupe en El Salvador. «La Fundación brinda a los jóvenes una oportunidad incomparable: al obtener un grado académico pueden acceder a mejores oportunidades de trabajo, mejores salarios, lo que les permitirá mejorar las condiciones de vida de sus familias y de su entorno, además de colaborar en la transformación y desarrollo de El Salvador», explica Felicidad Salazar-Simpson, presidenta de la organización.

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